Embajador En El Infierno by Torcuato Luca De Tena

Embajador En El Infierno by Torcuato Luca De Tena

Author:Torcuato Luca De Tena
Language: es
Format: mobi
Tags: prose_contemporary
ISBN: 9788432021527
Publisher: Editorial Planeta, S.A.
Published: 2011-05-28T22:00:00+00:00


CAPÍTULO XVI

EL TRIBUNAL MILITAR

A LAS DIEZ DE LA MAÑANA entró el tribunal. A las cuatro de la tarde sus miembros se ausentaron breves minutos de la sala para comer. A las dos de la madrugada Pujof, ojeroso y malhumorado, nos dijo: “El tribunal se encuentra cansado. Se suspende la vista hasta mañana”.

Al día siguiente, 10 de febrero de 1949 —sexto aniversario del cautiverio—, a las cinco de la tarde, nos fue comunicada la sentencia.

La farsa que entre aquellas cuatro paredes se desarrolló es difícilmente superable. Con fría hipocresía, utilizando las cuatro o cinco formalidades rutinarias que no pudieran variar el curso de la prefijada sentencia, y prescindiendo de aquellas que la pudieran variar, se camufló la ignominia bajo el sagrado manto de la justicia. Sin abogados defensores, sin exigir el trámite de la prueba, aceptando íntegramente las versiones de los testigos de cargo, rechazando de plano nuestros alegatos, sin poner a nuestra disposición testigos de descargo, Rusia puso al desnudo su desprecio a la verdad, la justicia y el pudor.

Uno tras otro —en sucesivos discursos cronometrados que sumaron cinco largas horas y once minutos de extensión— fui rechazando a todos los testigos que nos acusaban, probándoles la “enemistad manifiesta”, que en todos los países del mundo es considerada como causa de inhabilidad...

Segovia, Montes, César Astor, el alférez X y varios más desfilaron ante nosotros, volcando baba y destilando veneno, mezclando verdades con mentiras, buscando frenéticos una sentencia capaz de saciar sus fracasos y su rencor...

Yo me había erigido, según ellos, en jefe “fascista” del campo; intentaba levantar a los soldados contra la disciplina de la U.R.S.S.; ejercía un poder hipnótico sobre los mentalmente débiles, y con trucos y procedimientos aprendidos en las escuelas fascistas conseguía sabotear cuantas decisiones e iniciativas tenía el mando ruso para mejorar la moral y el nivel de vida de los pobres soldados. En una ocasión había dicho, y ellos lo habían oído, que hacía mal Norteamérica en probar la bomba atómica sobre el atolón de Bikini, porque el mejor campo de experimentación era el territorio soviético, que debía ser arrasado por la potencia nuclear recién descubierta... En otra ocasión me había dirigido a un soldado de los grupos leales a Rusia y señalándole a una mendiga harapienta que pululaba en torno a las alambradas del campamento de Jarkof, le había preguntado: “Fulano, ¿te gustaría ver así a tu madre?” “Antes querría verla muerta”, dijo el soldado. A lo que yo respondí: “Pues esto es la consecuencia del comunismo...” En otra ocasión, a unos soldados que trabajaban en el campamento, cavando, les había aconsejado que no se agotaran, pues al regresar a España, Franco les necesitaba fuertes. En cuantas ocasiones pudiera, yo intervenía, en fin, para encender una especie de guerra civil en el campamento, por ambición de mando y odio a la U.R.S.S.

(Yo, entretanto, iba tomando nota de todas las acusaciones. Lo de la bomba atómica no era cierto y lo de la mendiga tampoco. La frase de la mendiga pertenecía al capitán Oroquieta, y mi única intervención fue felicitar a éste cuando me la contaron, pues me pareció excelente.



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